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Panorama semanal Por Juan Eduardo Lenscak La discusión es de vieja data. No es lo mismo festejar el día del trabajador que considerarlo día de lucha. El que ayudó mucho a pensar este tema, y con admirable pluma militante fue el viejo Jauretche, maestro de la ironía, quien decìa que “el arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”. La alegría no se contradice con la lucha, ni significa, necesariamente, bajar los brazos, ni tirar la toalla. Al contrario, significa reafirmar el sentido original y teleológico de la lucha. Bueno es recordar que Hugo del Carril, que en la famosa marchita cantaba “combatiendo el capital”, también interpretó la marcha del trabajo, que comienza afirmando, como para que no queden dudas que nada grande se puede hacer con la tristeza: “hoy es la fiesta del trabajo”. Para ilustración pueden servir de recuerdo las discusiones en la cárcel de la dictadura cuando, en aquellas miserables condiciones, las ranchadas peronistas organizaban peñas y duplicaban la ración de dulces en este día. Había quienes, también presos, cuestionaban esta actitud. Alegaban, con la contundencia de una realidad absolutamente adversa a los trabajadores, que no había ningún motivo para el festejo, con tantos dirigentes sindicales torturados, desaparecidos, organizaciones sindicales amordazadas, tantos despedidos y sueldos congelados. Hasta hubo algunos que agregaban una dosis mayor de agresividad en sus argumentaciones. Señalaban en aquellos “festejos” dentro de la cárcel, como desviaciones pequeñoburguesas, o directamente proburguesas , o crudamente alienadas, y según esta lógica, totalmente contradictorias con la debida conciencia de la clase proletaria. Hoy vuelve a ocurrir algo parecido. Y cuestionan la algarabía, las músicas, los asados y los vinitos que entonan a la mayoría de los trabajadores y trabajadoras en este primero de mayo, que para mejor (o para peor, depende de dónde se lo mire), se viene con la yapa del feriado puente. Desde esta concepción ultra beligerante no se entiende cómo la gente puede festejar cuando en Formosa no hay paritarias en el Estado; cuando la inflación carcome y agujerea los bolsillos; cuando el precio de la yerba no baja, cuando el Iasep ya no es mas de los trabajadores sino de la patronal, cuando los genocidas procesados siguen sueltos -algunos dando la comunión-, cuando se mantiene la legislación y funcionarios del proceso cívico militar; cuando siguen intervenidos todos los cuerpos colegiados de todos los entes autárquicos y descentralizados; cuando tenemos a los marines con base en el Paraguay, y con el visto bueno para que ocupen el aeropuerto de Resistencia; cuando el capitalismo salvaje está enceguecido a rabiar por la crisis que padece en los países de centro... y una larga letanìa de etcéteras más, la mayoria extraídos del nuevo programa de Lanata. Pero… ¡cómo no se va a festejar el día del trabajador, si es la tendencia natural de nuestro pueblo! ¡si hasta se festejaba en las cárceles de la dictadura! ¡si el festejo no hace más que reafirmar el sentido que origina y motiva la lucha! Hoy, además, hay muchísimos y sobrados motivos para el baile, el abrazo, el asado y un brindis… con fondo blanco, y varias veces. Cómo no se va a festejar si hasta las estadísticas nos demuestran que Formosa, tradicionalmente paria en el contexto nacional de los indicadores sociales y económicos, hoy es el conglomerado con menor índice de pobreza del NEA con un porcentaje de un dígito, cuando en el 2003 superaba el 50%; donde creció el consumo de energía a una tasa del 17% anual, cuando lo habitual es del 10%; que el PBI medido por incremento en recaudación del IVA ha crecido proporcionalmente más que en provincias centrales… No celebrar estos avances, convengamos, podría significar hasta la complicidad en la desmoralización inducida por los sectores que ven perder sus privilegios. Cómo no se va a brindar por estos pagos si antes de fin de mes estamos cobrando los haberes de abril. Cómo no alegrarse si estamos transitando 29 años de democracia ininterrumpida, con un crecimiento exponencial en servicios para los trabajadores. Con solo pensar cuánto costaba tener un teléfono durante la dictadura cívico militar, y comprobar que en la actualidad si no hay un celular por persona, debemos estar superando esa marca. Como no estar contentos si hasta los parajes más alejados, hoy están mucho más cerca del asfalto, con servicio de colectivos de última generación, de larga distancia, con aire acondicionado y sin necesidad de trasbordo para llegar a Buenos Aires o La Plata. Cómo no aprovechar el día para largar unos zapucay bien vicerales, de esos que liberan existencialmente desde lo más profundo, con el espaldarazo recibido todos los meses por los trabajadores desocupados más indigentes con la asignación universal por hijo. Cómo no vamos a festejar si en las casas de los trabajadores con hijos en la secundaria hay una net, para que los improvisados disyóquey animen el baile familiar con una variedad y actualidad de temas que asombran a los abuelos. Cómo no alegrarse si la memoria se recupera día a día con las declaraciones de valientes ex conscriptos y con las actuaciones que logran detener a célebres prófugos como el ex comandante Domatto, por quien el estado ofrecía recompensa, y él se las amañó para que desde la clandestinidad cobrara regularmente sus haberes. ¡Cómo no alegrarnos con los avances! Como no festejar si el radicalismo volvió a sus fuentes y votó a favor de la nacionalización de YPF retomando su línea nacional. Haber logrado que la oposición política se separe de la conducción o presión que ejercen los grupos concentrados del poder mediático y económico, y centren sus energías en elaborar propuestas alternativas dentro de la estrategia nacional marcada por la actual gestión, significa para los trabajadores, un crecimiento digno de un brindis con bordaleza. Cuando uno recuerda cómo operó la oposición política en el caso de las AFJP, en las reservas del Bco Central, en el tema de las retenciones, puede tener motivos más que suficientes para alegrarse cuando comprueba el paso trascendente que se ha dado en la convivencia política nacional al votar en general del proyecto de nacionalizar el paquete mayoritario de YPF. Si el solo hecho de recordar la dignidad de ser trabajador es ya en sí mismo un motivo suficiente para festejar, cuánto mayor será la celebración si le sumamos los derechos recuperados por los trabajadores en ésta última década. La búsqueda felicidad y la grandeza constituye el origen y el destino de la lucha; la celebración festiva, su expresión más concreta del sentido de la misma. Quizá por ello, Mario Benedetti escribía en un poema “defender la alegría como una trinchera / defenderla del escándalo y la rutina / de la miseria y los miserables / de las ausencias transitorias / y las definitivas / defender la alegría como un principio / defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y de los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos”. Con tantas alegrías juntas, sumadas en estos últimos años, es más fácil comprender que este primero de mayo, para la mayoría de los que ganamos el pan con el sudor de la frente, aunque falta mucho todavía por recuperar y por conquistar, (piénsese lo que resta para considerar en la constitución nacional “la función social de la propiedad”, como lo establecía la redacción de 1949), constituye hoy, que vamos recuperando derechos, con mucho más entusiasmo, una verdadera fiesta del trabajo.
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