 Panorama semanal Soberanía política Por Juan Eduardo Lenscak “Para competir en suelo ingés, entrenamos en suelo argentino”; con esta consigna concluye un brillante spot publicitario filmado en Malvinas para promocionar a nuestros atletas reavivando el sentimiento popular y nacional de soberanía, nada menos que en momentos de conocerse el resultado de la votación en el Congreso sobre el proyecto de ley de nacionalización del paquete mayoritario de las acciones de YPF. Como el acierto o desacierto de una conducción se puede leer en las reacciones de los sectores que se sienten afectados, debemos observar la reacción de los portavoces de la cultura del sometimiento. Aquellos para los cuales es más beneficioso que el zorro sea custodio de las gallinas, pusieron el grito en el cielo y colocaron sus admoniciones en los titulares de sus medios hegemónicos. También lo comprobamos en las movilizaciones masivas, en el embanderamiento colectivo de las redes sociales, los grafitis, programas, declaraciones y pronunciamientos.. No es casual. Cuando un hecho trascendente de recuperación de soberanía sobre los recursos energéticos estratégicos, va acompañado con publicidad alentadora del sentimiento nacional, cualquier defensor de los intereses antinacionales comenzará a dar señales de alarma. Y no cualquier alerta, sino el rojo. Se está modificando nada más y nada menos que una cultura, una manera de comprender la realidad. Y no de un minúsculo grupo de personas, sino del conjunto de la ciudadanía. Para estos sectores tradicionalmente comprometidos con el privilegio y la explotaciòn, la pérdida no es tanto económica, cuanto política y pedagógica. Si bien dejan de ganar mucho dinero, lo que más les inquieta es que están perdiendo la posibilidad de volver a recuperar consenso para continuar con la expoliación disfrazada de oropeles virtuales del primer mundo. No es lo mismo perder algo importante, que correr el riesgo de seguir perdiendo todo y presentir un aumento de las dificultades para poder recuperarlo. Pensar en volver a privatizar YPF a precio vil, donde las ganancias sean solo para la empresa y las inversiones deben correr por cuenta del estado, hoy en día, con el nivel de conciencia popular –no solo nacional sino latinoamericana-, y con una legislación que le ha puesto cerrojo a este tipo de iniciativas, exigiendo las dos terceras partes del Congreso, suena a una utopía que hasta los españoles mas falangistas descartan. Internamente, la euforia nacionalista llegó a un virtual orgasmo multitudinario, acompañada del crecimiento en la identificación de las causas de nuestros problemas comunes con la utilización de mecanismos democráticos para su resolución. El solo hecho de comprobar que todos los legisladores nacionales de Formosa, tanto peronistas como radicales, senadores como diputados, han votado afirmativamente la renacionalización de YPF , puede indicar el clima de júbilo popular que se respiró en nuestra provincia, y la constataciòn concreta que es mucho màs lo que nos une que aquello que nos divide a los formoseños y argentinos. O que las divisiones no son principales, sino secundarias. Que existe un colectivo que nos contiene, incluidas nuestras diferencias. ……………………… Este sentimiento de recuperación de la soberanía, por otra parte no se circunscribe solo a la nacionalización de una empresa, por más estratégica que sea, sino que atraviesa todo el entramado de la convivencia nacional. Simultáneamente se está recuperando la palabra, tanto tiempo amordazada. Entripados existenciales de profundo impacto polìtico, pueden emerger a superficie, y ser visualizado aquel submundo reprimido durante décadas, que actualiza dolores inexplicables, profundos y todavía presentes. ¿Cuántos años han pasado desde el funcionamiento de los centros clandestinos de detención?; y recién ahora aparecen ex conscriptos denunciando delitos de lesa humanidad. Precisamente una de las preguntas que se le hicieron al ex soldado Ayala fue precisamente ésa: ¿por qué no habló antes? Para entender la situación del ex conscripto, tendríamos que preguntarnos también por qué no se expropió antes YPF. O bien, por qué se dejó que la expropien. La respuesta, siempre la debemos buscar en la situación, en la oportunidad, en las condiciones. Es innegable que la situación ha cambiado, las oportunidades son distintas y las condiciones, favorables. Los exconscriptos Gomez y Ayala, de Formosa, comenzaron a demostrar que efectivamente es así. Muestran a todos que hoy sì se puede hablar, y vale la pena hacerlo, a pesar de las amenazas que se esgrimen. Hoy los jueces no son solo producto de designios militares, ni de servilletas de funcionarios, (aunque queden resabios). La justicia, la prensa y la sociedad recepciona con atención las denuncias sobre delitos de lesa humanidad. Inmediatamente se toman los recaudos para encontrar las tumbas de los fusilados, y se allana con ese fin una estancia emblemática de la oligarquía agroexportadora en Formosa. Recuérdese que en el momento del fusilamiento varios de sus dueños se apellidaban Anchorena, y en los últimos años pertenece al grupo Goldman (casualmente con el mismo primer apellido que los socios del grupo Clarín). Las instituciones comienzan a recuperar su autonomía, desembarazándose de las corporaciones empresarias que condujeron a las fuerzas armadas, judiciales y políticas para implementar el proceso de reorganización neoliberal en el país. Además existe un círculo virtuoso que se retroalimenta. Según el periodista de Tiempo Argentino, Mariano Beristain “el 1° de mayo, las entregas de nafta aumentaron un 250% y las de gas un 348%. A sólo 15 días del cambio de mando en la empresa, la explotación de petróleo mejoró el 6,5% si se la compara con el 16 de abril, fecha en la que se intervino la compañía”. Las decisiones soberanas y liberadoras se van autojustificando, abriendo a su vez nuevas posibilidades de profundización. Tanto en la energía como en la búsqueda de la verdad histórica. En este clima político de efervescencia por la recuperación de la soberanía profunda de los argentinos, ya resulta un poco más difícil para los nostálgicos de la cultura del sometimiento, del autoritarismo y de la expoliación, enquistados en el poder judicial, de liberar al ex prófugo Domatto, hoy detenido por denuncias de la querella, y aplicarle los mismos fundamentos jurídicos por los cuales todos los oficiales y suboficiales imputados en delitos de lesa humanidad se encuentran en libertad deambulando impunemente por nuestras calles. Y en la medida que este proceso de recuperación soberana se profundice, también resultará más difícil que la designación de un nuevo juez en la mega causa Carrillo sufra las demoras y chicanas judiciales como las que tradicionalmente padeció para beneficiar a los reos que usufructúan la presunción de inocencia. Y si a este clima de recuperación soberana se le suman las versiones de cambios significativos en la política de derechos humanos en Formosa donde ya se está considerando a nivel oficial la posibilidad del estado de constituirse como querellante en la mega causa Carrillo, podremos alentar expectativas que el circulo virtuoso se profundice aún más. Lo cual es sumamente alentador. Lo contrario, significaría una demora más. Si a Domatto no se le aplica algún inciso de esos que se encuentran en los pliegos de las leyes tela de araña que nunca beneficia a los ladrones de gallinas para recuperar su libertad; si no se demoran los plazos y no se subdividen artificialmente las causas tal como viene sucediendo para elevar los juicios al tribunal oral en cuentagotas y a las cansadas; y si verdaderamente hay cambios significativos del estado que demuestren fehacientemente el compromiso con la verdad histórica en la búsqueda de justicia, entonces Formosa, podrà crecer al mismo ritmo que marca el proceso nacional huracanado y profundo de recuperación de la memoria, y consecuentemente de la soberanía política.
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