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AUSENTISMO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Eduardo Lenscak   
Sábado, 26 de Mayo de 2012 19:55

Los edificios nuevos no alzanzan para cubrir la inclusión educativa y superar el fenómeno del ausentismo

 

Panorama semanal
Ausentismo

 

Por Juan Eduardo Lenscak

 

El “ausentismo” docente apareció como síntoma de una situación preocupante.
En momentos en que la inversión de recursos en el área educativa se agigantó del 2 al 6 por ciento de un PBI en crecimiento continuado a tasas chinas, los resultados educativos parecen no responder a las expectativas. Dicho en términos más familiares y cotidianos “hay muchas màs escuelas con todos los chiches, comedores y netbook, pero los chicos rebotan en la universidad y en los laburos”. En Formosa y en el paìs.
En la última asamblea del Consejo Federal de Educación, el Ministerio de Educación de la Nación  presentó un informe en el que se detallan las causas de una problemática estudiada especialmente, a la que denominaron “ausentismo docente”. Según los directivos encuestados para la elaboración de dicho informe, dichas causas serían entre las más importantes  “las enfermedades psíquicas; la atención a familiares enfermos; la dispersión de la carga horaria en varios establecimientos; la motivación personal y el compromiso de los docentes; la respuesta a los aprendizajes de los alumnos;  y el liderazgo del director”.
Los gremios docentes locales y nacionales, mostrando sus particularidades, no cuestionaron la idea de analizar los resultados educativos desde la responsabilidad de los adultos. Los gremios y el estado como patronal, ambos, aceptaron que se trata de una responsabilidad de los mayores. Uno desde la defensa de los derechos laborales; otra, desde la responsabilidad de conducir el conjunto.
Lo cual no es un dato menor. Ademàs,  profundamente alentador. Recordemos que tradicionalmente para referirse a los resultados negativos del sistema educativo se hablaba de “deserción”, presuponiendo que en los menores,  victimas del sistema, recaìa la responsabilidad del abandono al que fueron sometidos.
Hoy, podemos encarar el estudio de la problemática educativa, en niveles de conducción, tanto patronal como laboral, circunscribiendo la responsabilidad central en el mundo adulto. El paradigma pedagógico de origen medieval de considerar al estudiante como a-lumno (privado de luz que imparte el maestro) y no como sujeto en situación de aprendizaje, parece que ha comenzado a retroceder para la comprensión del problema y la búsqueda de soluciones. Enhorabuena.
Hecha esta salvedad, veamos entonces los distintos análisis  que se han conocido sobre el particular. A nivel nacional la secretaria adjunta de CTERA y Secretaria General de AMSAFE, Sonia Alesso, expresaba que “lo que realmente está ausente es el debate sobre las condiciones de trabajo del docente”.
La UDA por su parte en un documento especial sobre el tema señaló que "el Estado deja irresueltas muchas cuestiones relacionadas con las condiciones de trabajo que luego inciden en el ausentismo docente, como por ejemplo: la violencia en el ámbito escolar" recordando un proyecto de ley presentado por la entidad en el Congreso de la Nación.

En el ámbito local, se conocieron los pronunciamientos de Voz Docente denunciando negociados en las licencias por enfermedad, y hasta el reconocimento por parte de la secretaria general del Gremio Docentes Autoconvocados tildando de “vagos” a algunos docentes que usufructúan licencias y se los ve deambular sin los síntomas certificados por las historias clínicas pertinentes.
A poco de escarbar sobre la actual situación educativa, surge una realidad efervecente y bastante compleja, que se agudiza en el nivel medio.  Se habla de un 25 a 30 por ciento de ausencias docentes. Pero si a este dato estadístico le agregamos otros indicadores  no tan numéricos pero no por ello menos significativos, podremos dimensionar que las ausencias físicas de los docentes, si bien son un problema en sí mismo, podrán ser consideradas como la expresión de ausencias algo más profundas.   Y podremos comprobar cómo un sistema educativo pensado desde la exclusión, de buenas a primeras no puede contener  el paradigma de la inclusión. Veamos por ejemplo las ferias de ciencias.  La inmensa mayoría de los docentes de nivel medio de capital no participan (están ausentes) con trabajos de investigación.
Veamos también la ausencia de control, al comprobar cómo pulularon capacitaciones aranceladas para obtener puntajes profesionales, y su correlato inmediato de docentes con cursos acreditados  en un mes o hasta en un año, que suman más horas cátedra que el propio calendario escolar. Y verlos después primeros en las listas para cubrir cargos directivos. O comprobar que las intervenciones a instituciones o a los órganos colegiados como las Juntas pueden durar décadas, sin que se entienda que tal situación pueda ser considerada anormal.  Estas contradicciones entre el discurso de una educación inclusiva (para todos), pero en los hechos intervenida indefinidamente (bloqueando precisamente la participación de los interesados/as), también la podemos ver en los enunciados de una escuela abierta a la comunidad, con los memos oficiales ordenando a los directivos pedir autorización en cada caso para el control del ingreso de los invitados a cada una de las escuelas. Escuela abierta en el discurso, pero con candados ideológicos en la normativa.

Las ausencias que motivan el desánimo en los docentes pueden comprenderse también en el festival de afectaciones. ¿Qué docente no conoce a un colega con afectación gremial, o con traslados del interior que incluyen la bonificación correspondiente a la zona? ¿Quién no conoce a preceptores que no ingresaron por lista de puntaje sino por afectación desde la administración central, gracias a determinadas afinidades partidocràticas? Es más, la anormalidad, de tan cotidiana,  pasa a considerarse normal. La excepción seria comprobar que se designe un preceptor por lista de puntaje. Ni qué hablar del problema del personal de maestranza. Ni de la cooperadora que debe funcionar con recursos propios, ad honorem,  pero sin exigencias del pago de cuota societaria a los padres.

Se habla de sentido de pertenencia a la institución educativa pero se mantiene el sistema de profesor taxi. Se habla de régimen de convivencia sin expulsiones , pero sin modificar cualitativamente el tradicional sistema disciplinario basado en amonestaciones y castigos. Todo esto, en una realidad estudiantil y social atravesada por la violencia, las adicciones y el sentido frívolo de la trasgresión. 

Hay que sumarle el arcaico sistema de cobertura de vacantes que de tan lento colisiona con el derecho de los niños a la enseñanza. O el sistema de evaluación de la tarea docente absolutamente subjetivo, vertical, burocrático e ineficiente, que dinamita cualquier posibilidad de un efectivo acompañamiento, registro, fiscalización e intervención en el proceso de enseñanza aprendizaje.

Es evidente que el sistema educativo pensado desde la exclusión no debe ser el mismo que para un modelo de inclusión. El modelo centrado en prácticas y normativas autoritarias no puede contener el paradigma de la democracia, aunque diga que la enseñe en sus aulas.  Ni el sistema memorístico suplantar el de la comprensión significativa. No es lo mismo aprenderse de memoria el preámbulo de la constitución que participar como delegados de curso en un consejo de dirección ampliado; ni recitar el enunciado de una ley, que participar en la elaboración de una norma de convivencia escolar.

Para los docentes tampoco es lo mismo concursar un cargo directivo donde haya propuestas y debate en la comunidad educativa para su designaciòn, que acatar lo que dispongan las autoridades por lista de puntaje o por intervención. Tampoco es lo mismo tener profesores por cargo que profesores taxi. Ni  es lo mismo recibir estímulos que ver cómo se premia la mediocridad con haberes y puntajes equivalentes a los que arriesgan en proyectos de investigación y en competencias extraescolares.

Pero la profundidad de las ausencias en viejo paradigma educativo expulsor, para contener el revolucionario concepto de inclusión demanda imperiosamente la revisión de las normativas y las prácticas. Hace falta debatir más estos temas, revisar seriamente con todos los protagonistas, el estatuto del docente, y reformular también  la ley de educación. Así nuestra legislación, y nuestra práctica docente podrá visualizar e ir superando aquellas situaciones  que en la actualidad aparecen como señales de alarma, expresadas en el ausentismo.