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Panorama semanal Por Juan Eduardo Lenscak Oficialista y revolucionario. Así conmemora el periodismo argentino el nacimiento de la profesiòn. La Gaceta de Buenos Aires era el órgano oficial de la Primera Junta, nacida a los pocos días de haberse producido la destitución del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Fue el 7 de junio, como respuesta al pueblo que quería saber lo que pasaba a nivel de conducción, ya que los órganos monopólicos y promonárquicos tendrían otra versión de los acontecimientos. Cualquier parecido con la realidad actual, será pura coincidencia…. ¿será? Oficialista, revolucionario, con periodistas militantes de la talla de Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli. A los cuales se los conoce más por su protagonismo político y militar en los distintos frentes de la lucha por la emancipación que por su actividad periodística. En rigor de verdad no se conocieron periodistas independientes en aquella época. O eran criollos republicanos y librecambistas o eran pro monopólicos y proimperiales. Y si los había, pasaron sin pena ni gloria. Durante el conflicto de unitarios y federales tampoco se conocieron periodistas independientes. Domingo Faustino Sarmiento, claramente unitario, escribió en el Zonda, y llegó a ser nada menos que presidente de los argentinos. José Hernández, autor del Martín Fierro, quien más de 20 años se dedicó a escribir en periódicos tales como Reforma Pacífica, El Nacional Argentino, El Argentino (que él mismo fundara), El Eco de Corrientes, La Capital de Rosario, etc. llegó hasta empuñar las armas contra el mitrismo y contra Urquiza, alistándose en las montoneras de Lopez Jordán. En la década del 70 tenemos el ejemplo de un periodismo comprometido en cada nota y reportaje, con un determinado proyecto. Como en Mayo del 810, cincuenta años después y hasta hace unos treinta y pico de años atrás. Así hubo desaparecidos como un Rodolfo Walsh , torturados como Jacobo Timerman, asesinados como Paco Urondo, perseguidos como Miguel Bonaso,y Horacio Verbisky. Y por otro lado, los actuales imputados como partícipes de la Triple A, entre los que se encuentra el periodista Jorge Conti, yerno y secretario de prensa de Lopez Rega, o Mariano Grondona redactando proclamas golpistas, o Morales Solá visitando centros clandestinos de detención. Las comparaciones con la actualidad son insoslayables. Y echan luz sobre la íntima relación entre el periodismo y la política en nuestra comunidad nacional, sobre todo hoy cuando el poder no se dirime ya con las armas, sino con votos, que se disputan sobremanera a través de los contenidos que aparecen por los medios de comunicación social. Hoy sí vemos que aparecen periodistas supuestamente ”independientes”, quienes hacen de la apoliticidad su carta de presentación, y son solventados por holding empresarios multimediáticos, reconocidos como copropietarios de la única fábrica de papel para diarios del país, con serias acusaciones judiciales y políticas de haber sido arrebatada a sus anteriores dueños mediante torturas durante la última dictadura cívico militar. Jerarquizan su “independencia” al señalar y agigantar la paja en el ojo de la democracia, con el propósito no manifiesto de ocultar la viga en la mirada de los intereses econòmicos que la solventan. Pero ademàs, denostan al periodismo que asume su origen y su esencia militante, sin reconocer , ni por asomo, sus propias complicidades –también militantes- pero con la represión genocida. A dos siglos de la Gaceta, hoy también hace falta que el pueblo sepa lo que pasa. Pero la prensa todavía está en manos de los monopolios y del imperio, intentando imponer la agenda de los mandatarios elegidos mayoritariamente. Quizás sea por ello que el esfuerzo principal del oficialismo revolucionario actual, esté centrado en mantener programas radiales y televisivos que analicen las noticias propaladas por los beneficiarios del genocidio padecido. Tambièn se ha preocupado en anular la ley de radiodifusión de la dictadura; en concretar los alcances de la nueva ley de medios, y en aumentar y diversificar la emisión de las palabras de todos. No es tarea fácil. En el país, la tarea es ciclópea. Pero no lo es menos en Formosa. ¿Cuántos años duró, en su mismo puesto de responsable de la comunicación social en el gobierno democrático el mismo funcionario que cumplió idénticas funciones durante la dictadura cívico militar? Responder a esta pregunta no es un dato menor. La respuesta puede hacernos dimensionar lo que ha costado en Formosa limpiar el camino para poder pensar en democratizar todas las voces. Cuando en varias gestiones de la democracia el responsable oficial del área, ha sido funcionario cómplice del monopolio de la palabra y del terrorismo de estado, es como haberle pedido a Cisneros el nombre del responsable de la Gaceta, colocar en esa responsabilidad al verdugo de Chuquisaca, y simultáneamente haber tratado de subversivo a Mariano Moreno. Y no fueron pocos años. Felizmente este personaje no solo ha pasado a cuarteles de invierno, aunque bien abrigado, con imprenta y radio, sino que se han sentado las bases para el surgimiento de una nueva corriente periodística que asume su origen y su destino, desde las cátedras de la extensión universitaria de la UNPL con la carrera de comunicación social. Carrera que ha propiciado la misma gestión de gobierno que designó al funcionario de la dictadura al frente de la comunicación social de la democracia. Finalmente le pidió la renuncia, cuando simultáneamente se preparaba el nuevo profesionalismo comunicacional de nivel universitario con docentes platenses imbuidos del espíritu militante de la línea Moreno, Hernández y Walsh. Felizmente. Pero aún falta muchísimo por hacer. Años atrás, se recuperó Canal 11 para la provincia, pero hace varios lustros que se encuentra intervenido. Recientemente el ministro del STJ Ariel Coll afirmó que “si se oculta información pública, el sistema está fallando” e inmediatamente, se levantaron voces que señalaron ocultamientos y fallas del sistema republicano en Formosa. Que no son pocas, y constituye todo un desafío llegar a superarlas. Todavía es my difícil conseguir las declaraciones juradas de cada funcionario provincial. Ni hablemos de la nómina de empleados, contratados y jornalizados. O de los beneficiarios de planes sociales. Ni qué hablar de la experiencia de publicar en internet las planillas de sueldos de todos los agentes, y de todas las resoluciones sobre erogaciones oficiales como se hizo en la UNaF durante la gestión de Antonio Prieto. También es cierto que muchos de los que piden transparencia y acceso a la información, cuando vieron sus sueldos como agentes públicos en la web de la UNaF, pusieron el grito en el cielo, y propiciaron soto voce invisibilizar este tipo de información. Así como es un desafío para la militancia oficialista, el respetar las reglas de juego democráticas y republicanas, mucho más lo es para el periodismo militante de la oposición, más ligada al poder económico. Llegar a la agresión física como lo demuestran las marcas de cadenazos en la espalda del periodista y militante Mirko Garrido, demuestra que sectores de la oposición en Formosa no tienen reparos en resolver diferencias por medio de la violencia, que creímos superada. Como también lo demostraron recientemente a nivel nacional, los militantes carapintadas de odio cuando apalearon a reporteros de programas de la televisión pública. La confrontación mediática es un hecho, por los modelos de país en pugna. Hay modelos político-económicos contradictorios, con sus respectivos periodistas que predican sus bonanzas y critican a sus rivales. Será el pueblo quien elija entre el modelo que sigue la línea de Moreno, Hernández, Walsh, Verbisky y Anguita o la línea del heraldo de Cisneros, Sarmiento, Conti, Solá, Bonelli y Lanata. Y como no existen alternativas independientes a los proyectos de dependencia o de liberación, debemos otorgar a los periodistas políticos, oficialistas u opositores, su verdadero status. No de “independientes”, “objetivos” o “neutros”, (esos que dicen que le da igual entrevistar a la actual presidenta o a Videla, pero que los convoca solo Videla), debemos llamarlos como corresponde; todos ellos son periodistas mi-li-tan-tes.
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